jueves, 17 de noviembre de 2016




Todavía recuerdo el día que me enamoré de él. Eran cerca de las cuatro de la mañana, íbamos de un remis. Cada uno a su sitio. Cada uno a su cama. Sentía una cosquilla en el pecho. En los pulmones, en el corazón. Y se enredaba en mi traquea, quería escaparse, deslizarse hasta mis labios,
para escurrirse y decirle algo. Pero me trague la enredadera que había germinado. Y entonces lo miré. Fue un instante. Mis ojos se clavaron en él, y sentí que el tiempo se frenó. No existía nada más en ese momento. Sólo él.